Humanidad

Somos seres imperfectos. O quizá no.

Somos como somos, y el concepto de perfección nos viene impuesto solamente por un trasfondo histórico y cultural. Somos quienes somos; animales de instintos que tratamos de controlar porque necesitamos sentirnos diferentes. Pero eso también es un instinto.

¿Qué hay de noble en intentar convertirnos en quien no somos? ¿Qué sentido tiene imponer a un asesino que no mate o convencer a un pacifista para que mate? Ambas ideas son igual de absurdas. Pues lo que somos, en cada momento, es una suma de resultado constante entre nuestro espíritu y la circunstancia. No hay más factores en el producto.

Pero la verdadera diferencia de nuestro espíritu, entendido como cualquiera que sea el impulso vital que nos mueve, es la capacidad de evolucionar. De convertirnos, bajo las condiciones adecuadas, en algo que no éramos. A esa potencialidad la podemos alimentar, cultivar, favorecer su desarrollo. Pero el cambio únicamente se producirá a un nivel subjetivo, como suma de la voluntad de nuestro espíritu y la circunstancia de su realidad.

Si hay una pauta de cambios, escalada de forma que se establezcan niveles de evolución más o menos deseables, eso sería la humanidad. Pero no podemos definirla en función de criterios, pues no tenemos la perspectiva suficiente. No podemos alejarnos, como un punto inscrito en una recta no es consciente de una tercera dimensión.

Pero se me ocurre, que estando todos igual de condicionados por los instintos, e igual de perdidos en cuanto a qué hacer con ellos, quizá la comprensión pueda marcar la diferencia. La capacidad de entender los motivos más ajenos y de sentirlos como propios para empatizar humanamente y decidir cuál es el punto de mayor acuerdo posible. Quizá la humanidad sea el ponernos de acuerdo sobre qué es la humanidad.

Rammstein - Nebel

La traducción podría ser más poética, pero no está mal... ¡Haber aprendido alemán! :)

La flor

Dos caricias de sol,
dos lametones de agua
(el agua lamiendo tu tallo),
y nacen en tus ojos
dos flores negras, llameantes
que bailan con cada gesto,
con cada pensamiento
que surge detrás de ellos.

Tu pelo,
que parecía lacio y opaco,
brilla y flota sobre tus hombros
en descuidados rizos
traídos de oriente,
impregnados de mar.

Tu sonrisa no cambia nunca,
y nunca controlo del todo
las ganas de besarte brevemente,
rozar tus labios
y tu escote,
que es la casa de mis sueños.
La sala prohibida del templo.

Prefiero morir por hacerlo
que no haberlo profanado.

yoyoyoyoyoyoyoyoyoyoyoyoyoyoyoyo

Las decisiones que tomo,
son yo
y cuando me equivoco,
soy yo.

Los ratos que me odio,
soy yo
y si me brillan los ojos,
son yo.

La tentación y el demonio
son yo
y lo mas noble en mi alma
soy yo.

Me es fácil engañarme,
soy yo,
pero hasta mis mentiras
son yo.

Mi miedo al egoísmo
soy yo
y ojalá fuera yo
cada yo que hay en mi vida.

Matthew Herbert's Big Band & Jamie Lidell - Everything's changed



Everything's changed
Everything's changed
The closer I get to the top
The more it feels strange
Everything's moved
Everyone move
The closer I get to the drop
The more that I lose
If and or when I might stop
Please do not follow me
If and or when I might drop
Please don't swallow me
Turning round
The sound of falling
Everything's new
Everything's new
The closer I get to the drop
The more my vision pulls me through
Somethings the same
Somethings don't change
The passing of others below
Always remains
If and or when I might stop
Please don't follow me
Down
Please don't follow me
If and or when I might drop
Please don't swallow me
Please don't follow me

Humo

Andando por la calle, hoy soy un loco que oye música en sus adentros. Que habla solo o gesticula o canturrea, o blasfema al paso de unos jóvenes ruidosos. Gris como las rosas bañadas en humo de esa magnífica iglesia que hay junto al parque donde me emborrachaba, donde probé algunas de mis primeras decepciones en forma de polvo, o de humo.

Una sirena quiere colarse en mi canción y se disfraza del ritmo atroz de mi paso. Y aún, antes de disiparse como humo, consigue que me quite un casco para cerciorarme de que no es parte de la canción, un arreglo al que no había hecho caso antes. Como esas rosas que han plantado en el patio de la iglesia, donde el ángel caído me engañaba con falsos milagros. La policía deja el humo teñido de azul y rojo y las rosas se tiñen un poco más de humo.

Una chica lo suficientemente joven como para hacerme sentir mal por mirarla hace que me aparte, para no entrometerme en su espacio. Su uniforme huele al humo de los primeros cigarros, a escondidas en el baño o en el patio. Casi asustado reculo tanto que me araño el brazo con el granito de la pared. Gris, frío y brillante, me recuerda a las rosas ahumadas de la iglesia con la que acabo de chocar.

En el interior del patio, las rosas respiran humo como los feligreses en el interior; mientras, el cura, cansado de humo intenta agarrarse a su fe, que se desvanece como el humo. En la puerta un caballero gris espera a que se confiese su señora, fumando un puro. Cuando atravieso el humo azul, espeso, y vuelvo a salir al humo de mi ciudad, al doblar la esquina, y enfilar el callejón humeante, me enciendo un cigarro. Y como un loco, porque sí, hasta orgulloso, al ritmo de mi música, lloro humo.

La última obsesión

Leo en tus ojos como un cuento infantil, o me engaño como un niño.
Me costaría muy poco obsesionarme contigo, y que llegaras a aborrecerme.
Tengo mucho tiempo para pensar, para pensarte sobre mi, hacia mi, en mi, por mi.
Tiempo que sigue pasando, ahogando una sonrisa por segundo.

Y tu calle, camino de cierto lugar, dejó de ser una calle cualquiera.
Como no lleva al alivio, me castigo con vinagre sobre llagas enmohecidas
Prefiero idealizarte a conocerte, y morir a no intentarlo.
Y para evitar tentaciones, me arrancaría el rabo de cuajo
No te asustes si te llega, en un paquete de Correos.

Y así puedo pasar mi vida, escribiendo prosas castradas
versos sin rima, sin ritmo, sin belleza ni sangre en las líneas.
El fantasma de una meretriz bajo la fría luna creciente
me alimenta lo mismo que tus recuerdos, u otros.

Soy tu demonio fogoso, la perdición dulce, justicia poética.
El vicio perverso que pasea a tu lado sin que nadie lo vea.
Acércate, llama verdosa. Abrasa y contamina esta piel virgen de sur, de color.
Apaguemos las luces donde nadie nos vea, y acostémonos a ciegas.

Imagina lo que yo sueño, y verás que vale la pena.
La lágrima oscura, de la que puedo librarte a base de mi llanto...
y con una caricia.

Alice Cooper - Poison



Los subtítulos podrían ser mejores, pero dan una idea a quién no coja la letra de primeras.

A una niña

Me pueden las ganas de tenerte.
De que mis palmas arañen tu piel
descubriéndote pliegues
de los que no eras consciente.

La razón recula ante ti,
y se marcha de rodillas.
Y el animal que no piensa,
que solo gruñe y babea,
toma el control de mi sangre.

Si no fuera por tu pelo
suave cayendo hacia el lado.
La cicatriz en tu espalda.
Si no fuera por las curvas y relieves,
por el mapa del deseo que encarcela tu ropa...

Si no fuera por tu risa
ante mi juicio anulado,
sin siquiera tú saberlo
con tus ojillos traviesos.
Si no fuera por el fuego...

Si no fueras otra musa,
- súcubo que me desprecia,
diosa cautiva en un cuerpo -
serías agua que fluye,
serías niña en mi cama.

Al volver de aquella guerra

Pretendí encontrar refugio,
y dormir al suave abrigo
de la curva de tu cuello
al volver de aquella guerra.

Tracé planos en las nubes
A juego con nuestros dioses.
Puse nombre a las farolas,
Constelaciones de hileras.

Invoqué música y ruido,
Para ti, para escaparnos.
Y bailamos en la punta
De una pirámide rota.

Con mi dolor y tu angustia
Con una falsa bandera
Quisimos quemar en hogueras
Yo la angustia y tú el dolor

Y en el templo de la noche
Consumamos a un vampiro.
Infecto, ignorante, impuro
E incapaz de conmoverse

Vástago de vicioso letargo,
Pura indolencia viscosa.
Sin nombre, sin fe, sin alma.
Trece uñas, todo espalda.

No sabíamos cuidarlo,
Por desgracia era inmortal.
Y nos costó siete vidas
Ahogarlo en lava bendita.

Al volver de aquella guerra
Pretendí encontrar refugio.
En la curva de tu cuello,
Para dormir abrigado.

Pero en el mismo momento
En que te vi, vi mi alma;
La primera vez que amé,
Se fue mi ángel de la guarda.